miércoles, 21 de marzo de 2018

Santa Bárbara del Zulia-Venezuela

Hacia la nueva Ciudad 
Puerto Sur del Lago


Autor: el Poeta Alexis Fernández


En el imaginario colectivo surlaguense, la navegación en piraguas y vapores es uno de los referentes simbólicos más recurrentes. A finales del siglo XIX y en las primeras seis décadas del siglo XX, la piragua se convirtió en un medio de transporte de carga y pasajeros, no sólo eficaz sino sumamente atractivo al comercio establecido entre las poblaciones del sur del Lago, norte santanderiano y el Puerto de Maracaibo.



Origen de la palabra piragua 


   
Documental "Metáforas del Agua" del poeta y escritor zuliano Alexis Fernández, y dirigido por Patricia Ortega. El tema musical fue compuesto por el trovador venezolano Israel Colina.

 A ese tronco ahuecado lanzado al agua como embarcación, los antiguos caribes lo llamaron piragua. “Usan estas canoas tan grandes o mayores como lo que he dicho, e llámanlas los caribes piraguas” nos recuerda en su Glosario de voces indígenas, el maestro Lisandro Alvarado. Toscas pero útiles como precisas tablas y rústicos instrumentos emplearon en su avezada construcción que permitieron a los intrépidos navegantes acercarse a las colonias holandesas y a Las Antillas. En esas mismas embarcaciones los grupos amerindios se desplazaron por la cuenca del lago Coquivacoa, en una incesante dinámica de intercambios, encuentros y desencuentros.



Las piraguas esos troncos de madera lanzados al agua



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La piragua es un tronco de madera lanzado al agua, me cuenta Arcángel Muñoz, patrón de piragua, quien lleva más de cuarenta años bregando en estas aguas. Tallada a pulso de hacha y escoplos, con la madera más recia que nace en estas mismas tierras, se construyeron las embarcaciones que durante años surcaron las aguas de los ríos del sur hacia el lago de Maracaibo y del puerto de Maracaibo a los recónditos malecones del sur. Más de un centenar de piraguas avecindaron las cosechas de las laderas de las montañas, los productos del agro surlaguense, la floreciente pescadería y un efectivo movimiento de pasajeros al puerto de Maracaibo, en un incesante intercambio de navegación de cabotaje que incluía los puertos de Encontrados, Santa Bárbara y Santa Cruz de Zulia, Bobures, Gibraltar, Moporo y La Ceiba, hasta mediados de los años 1964 del pasado siglo. Las rutas ferrocarrileras cumplían su cometido de acercar a sus malecones dichos productos. Esta de las últimas que quedan, quizás la última (y ello es realmente grave en cuanto enseña del pasado histórico reciente) emblemáticamente llamada La Merideña, es ese vestigio de casa de madera lanzada al agua.